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miércoles, 29 de agosto de 2018

Te amo


La última noche. Agosto se va cayendo quitando minutos al día para regalárselos a la noche. Esta última Luna apenas lleva unas horas menguando y luce allá, en este cielo aún de verano. Se mueven suavemente las hojas de los árboles y la brisa fresca de la madrugada acompaña agradablemente este insomnio. La noche está en silencio; ese silencio que es lo que siente el alma cuando duele, cuando no comprende, cuando parece asfixiarse y quedarse sin respiración, cuando respeta, cuando llora, cuando se pregunta, cuando tiene miedo, cuando no quiere odiar pero le cuesta, cuando decide amar sin esperanza de ser amada.

Aquí, en esta azotea que ha vestido mis madrugadas, me he mirado de nuevo al espejo. ¡Estoy tan fea! Llevo tantas noches sin dormir y tantas lágrimas, que mis ojeras acarician mis labios y mis párpados, hinchados y enrojecidos, caen sobre el iris cansado y desolado nublando la vista. 

Comienza a amanecer. Asoma la luz anaranjada del Sol naciente bailando al son del canto de los gallos y sigue la Luna llenando el cielo con su magia.Ya ni siquiera pienso, ya no me hago preguntas, ya no repaso nuestras charlas para intentar comprender qué pasó; ya solo me dejo sentir, mecerme por las emociones que ahora me tratan a trastazo limpio, a patadas, a revolcones puros. Ahora es fácil decir que todo fue una equivocación, un tiempo de locura y extravío. Es fácil decir te odio, no quiero verte más, ni hablar nunca más contigo. Ahora que todo ha estallado en las narices, que ha pulverizado los secretos, ahora que piden explicaciones y que se rindan cuentas, ahora que no se sabe qué hacer con la verdad, ahora es fácil el abandono. Nos empeñamos en andar bajo la tormenta sin empaparnos, en atrapar nuestros sueños sin movernos del sitio, en negarnos a nosotros mismos las oportunidades que sí damos a los demás, en dejar en condicional lo que pudo ser presente, en creer que mañana todo va a seguir ahí. Damos por hecho que después de hoy viene mañana y luego pasado mañana y la semana que viene y el mes que viene y el próximo año, como si estuviéramos concebidos para ser eternos; pero no es así, la vida pasa, y sigue y empezamos a entender que o te atreves a vivir o la vida te arrasa.

Pedimos a gritos la verdad, pero cuando no la podemos asimilar, cuando la verdad nos da miedo y nos asoma al precipicio por el que corren el riesgo de caer nuestras comodidades, nuestras costumbres, nuestros conformismos, nuestras apariencias, corremos a escondernos tras la mentira, entregándonos a ella sin pudor y sin fin. Pero la verdad no se borra, no desaparece, por eso yo no renuncio una y otra vez a pronunciarla: lo creo porque te quiero, te sigo echando de menos y me muero de ganas de verte. Y da igual cuando lo leas.


Ángela Gutiérrez

El beso. E. Munch

martes, 28 de agosto de 2018

Sin mi alma

Ahora que estoy haciendo maletas
me di cuenta de que me falta
el alma por guardar.
Creí que la había dejado en buenas manos.
Pero estoy preocupada,
no sé qué están haciendo con ella;
la he visto por ahí,
rodando de boca en boca,
entre insultos, risas y burlas.
Creo que la han vendido
a la cobardía y la falsedad
y anda ajada, abandonada y vieja.
He querido preguntar por ella,
acercarme para que me la devuelvan,
pero me he encontrado sin habla
y solo he hallado
un silencio envenenado.
Por eso ahora
se lo pido por escrito:
si usted ya ha encontrado su orden de cosas
y no necesita este recuerdo que soy yo,
permítame una conversación,
dígamelo claramente
y devuélvame lo que quede de mi alma,
ya me las apañaré yo.

Ángela Gutiérrez

Martha. Georg Schripf

lunes, 27 de agosto de 2018

Últimos días


Se acaban los días,
y aunque ya no espero nada,
se agolpan en la garganta
las palabras que no encontraron su ser;
raspan, queman, borbotean…
serán los potentes disolventes de la saliva
quienes permitan tragar, no sin dolor,
lo que debía estar depositado en tu corazón
porque ha sido esculpido para ti.


Ángela Gutiérrez



Antonius Bui

domingo, 26 de agosto de 2018

No te rías de mí


No sé de qué te ríes cuando me miras,
no tiene ninguna gracia.
No sé de qué te ríes cuando me llamas,
no tiene ninguna gracia.
No sé de qué te ríes ante la herida,
no tiene ninguna gracia.
No sé de qué te ríes ante el dolor,
no tiene ninguna gracia.
No sé de qué te ríes:
el desprecio,
el cinismo,
el oportunismo,
la mentira,
la burla,
la falta de honestidad,
el engaño,
la falsedad,
la hipocresía,
la cobardía,
la infidelidad,
con que has tratado a mi alma,
no tienen ninguna gracia.
Así que de mí,
no te rías.



Ángela Gutiérrez

Toulouse-Lautrec

viernes, 24 de agosto de 2018

Mirarte


El mundo cambia si dos se miran 
y se reconocen.
Octavio Paz
Sabes que ahora mismo
te besaría,
y tomaría una cerveza contigo
y un ceviche;
y bailaría
y atendería si me leyeras
y escucharía
una y mil canciones
abrazada a ti,
a tu lado.
Y reposaría mi cabeza
en tu hombro,
y acariciaría tus manos,
y tu pelo,
y tu nariz.
Y disfrutaría con tus historias
¡cuentas tan bien las historias!
Y te miraría
mientras hueles a árbol,
y te diría que estás guapo,
y que te sienta muy bien el azul,
y que me gustan tus ojos
y tus labios…
Pero ya no puedo
mirarte como te miraba antes
porque tú no quieres
dejarte
mirar así.

Ángela Gutiérrez



jueves, 23 de agosto de 2018

El vano sueño

Hace un año de Caricias que leen…


He soñado
que me leías un poema
en voz baja.
Que tu voz dulce y poderosa
rompía el silencio de la noche
recitando para mí
hermosas palabras.
He soñado
que con la poesía
acariciabas mis manos,
rozabas mis labios
y te llevabas
las lágrimas de mis mejillas.
He soñado
que pronunciabas mi nombre
pausadamente,
con todas sus letras
resonando en el calor
de la noche.
-Ángela-, decías,
y ese susurro ausente
quema ahora
los rizos de mi pelo
y apaga el vano sueño
de tus caricias.

Ángela Gutiérrez

Sol ardiente de junio. F. Leighton


miércoles, 22 de agosto de 2018

No encuentro la manera


y aunque pase la noche y yo te tenga
Y no.
Mario Benedetti

No encuentro la manera.
Has robado mi sueño
y mi tranquilidad.
En las noches de insomnio,
al fresco de la azotea,
me acechan los lugares:
los miradores,
las atalayas,
la hermosa dehesa
y esa terraza,
esa inolvidable terraza
poblada de buganvillas.
Caen sobre mí desde el cielo
todos los cuartos de Luna
que me abrazan
y se enredan en mis rizos
como antes lo hacían tus dedos.
A ratos,
no hay nada que desee más
que no desearte
y no arrecia peor lamento
que no haber sabido enamorarte.
Luego trato, a duras penas,
de recomponerme,
aprieto los dientes y caen lágrimas:
no puedo elegir dejar de amarte
aunque duela esta herida
y aunque pase la noche
y no te tenga.


Ángela Gutiérrez